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Plan Pastoral

CENTRO DE ESTUDIOS   CÍVICOS         

ANÁLISIS DEL PLAN PASTORAL 2007-2009

Arquidiócesis de Córdoba

 Este trabajo es complementario del difundido el 10-9-06, que analizaba la Jornada Pastoral 2005. Afirmamos entonces que, en el proceso iniciado en el 2000 “se ha utilizado una metodología errónea y errática, que no responde a los criterios fijados en Medellín”[1].

Por ello, no puede extrañar que el Plan Pastoral 2007-2009, presentado el día 25 de noviembre, no resulte satisfactorio, desde nuestra perspectiva de laicos. Si bien un plan pastoral debe estar adaptado a la labor espiritual que le compete a la Iglesia, no puede prescindir de los principios técnicos de todo planeamiento.

En síntesis, todo plan debe contener cuatro componentes: 

1. La definición de los objetivos del plan.

2. La determinación de las etapas a través de las cuales se conseguirán los objetivos. 

. La programación de las actividades claves que conducirán a las metas en cada etapa.

4. La evaluación permanente del proceso. 

El Plan comentado no refleja dicho esquema[2]. 

1) El objetivo de la programación pastoral 2007 es:    “Que como comunidad arquidiocesana seamos capaces de salir de nosotros mismos y de nuestras comunidades, con Jesús y a ejemplo suyo hacia los confines, para encontrarnos con los demás compartiendo la experiencia del camino, la escucha y la valoración mutua”. 

Es una enunciación abstracta, que no define algo concreto, según se aconseja:“Los objetivos del plan señalan lo que queremos alcanzar en un tiempo determinado y deben ser una respuesta adecuada a los principales desafíos que señala el diagnóstico”. 

2) No se han establecido etapas, que ayudan a estimar el tiempo (cronograma). “Establecer etapas nos permite avanzar progresivamente hacia el logro de los objetivos del plan de acción”. 

3) Actividades diocesanas: se han previsto cuatro actividades en el año, en distintas fechas, pero que no constituyen etapas, pues no están vinculadas entre sí.  

1. Entre marzo y abril (Cuaresma y Pascua): “se pensó en la importancia de realizar la experiencia de dejar atrás los miedos, prejuicios y falsas seguridades que como personas y comunidades llevamos y que nos impiden encontrarnos”.   

2. Día del trabajador (mayo): “Realizaremos el esfuerzo de contactarnos con los distintos lugares de trabajo presentes en cada una de nuestras comunidades: fábricas, talleres, comercios, emprendimientos familiares, etc., escuchando las distintas realidades laborales e invitándolos a hacer consciente la común experiencia de ser trabajador”.  

3. 9 de julio - Día de la Independencia: “Reconocer que una patria y una historia compartida nos da un fin, un destino común y reclama construirlo; lo que cada uno hace repercute en el otro”.  

4. Fiesta Patronal Arquidiocesana. Primer domingo de octubre: “Teniendo en cuenta la relevancia que esta fiesta tiene para nuestro pueblo en su expresión popular, proponemos resaltar-destacar a María, como mujer que “sale” llevando la Palabra (Visitación). Sale de su propio proyecto para ponerse al servicio de otros. María, mujer generadora de encuentro, que acoge, escucha, se pone en la situación de los otros. Y María que descubre a Dios obrando en la vida de su pueblo y en la suya propia”. 

Para cada actividad se sugiere un “gesto” hacia sectores de la comunidad: enfermos, familias de los presos, trabajadores, escuelas públicas. No se indican metas (cuantificación de los objetivos), ni responsables, ni estimación de los recursos necesarios; por consiguiente, no existe una programación.

 4) No se ha previsto ningún mecanismo de evaluación del Plan, que es indispensable en todo proceso de planeamiento. La evaluación permanente del plan de acción le da dinamismo al proceso y permite introducir ajustes necesarios. 

Para la animación del plan, se ha previsto un itinerario de formación integral de los agentes de pastoral, consistente en retiros espirituales y talleres bíblicos. Los talleres estarán a cargo del P. Juan Manuel González y el equipo de Parresía.

Resulta llamativo que, cuando acabamos de despedir al P. Miguel Barriola, miembro de la Pontificia Comisión Bíblica, que se aleja de la Diócesis, para enseñar en el Seminario de La Plata, se encomiende la formación bíblica de los agentes pastorales a un equipo que posee un enfoque teológico poco ortodoxo (Ver Anexo). 

Conclusión:

Al no haberse elaborado un verdadero Plan Pastoral para la Diócesis, las acciones continuarán siendo insuficientes para solucionar los graves problemas que los sacerdotes, religiosos y laicos, han detallado en las sucesivas Jornadas Pastorales.

Se mantendrá la actual situación de cuasi-anarquía, indisciplina y falta de comunión entre los sacerdotes, que refleja la encuesta efectuada en el 2005.

Los fieles laicos seguirán -salvo excepciones- huérfanos de orientación doctrinaria confiable, en momentos de profunda confusión, y carentes de programas de formación integral. 

    Córdoba,diciembre19 de 2006.-                                                                                             

Mario Meneghini                                                                                        (cecivicos@gmail.com) 

Anexo 

El P. Juan Manuel González, coordinador de la Escuela de Estudios Bíblicos Parresía, fue Vicario del P. Mariani, en cuya página web (www.lacripta.org.ar), se recomienda el sitio de dicha Escuela (www.edebparresia.org).

La Escuela ha publicado folletos que sirven de apuntes en los cursos que se dictan. En la tapa de esos folletos, se define la orientación:

Para la Iglesia pre-conciliar la consigna era

“extra ecclesia nulla salus”

el Concilio Vaticano II reinterpretó“extra mundum nulla salus”

la Iglesia latinoamericana reformula“extra pauperem nulla salus”

Por eso, la clave hermenéutica de Parresía essub pauperum lumine 

El folleto nº 23 de la Colección Bíblica de Parresía, se titula “Economía y Biblia”, y en él puede leerse: 

a) PADRENUESTRO

“Cuando al final de la década de los sesenta empezó a notarse en el mundo occidental el peso creciente de la deuda externa del Tercer Mundo y de América Latina como parte de éste, hay un fenómeno teológico extraño. Dentro de todas las iglesias cristianas del continente, incluyendo tanto la iglesia católica como las iglesias protestantes, con muy pocas excepciones, se da un cambio de la traducción de uno de los textos fundamentales del cristianismo: el Padre Nuestro.

La nueva traducción tiene consecuencias obvias para la relación entre economía y teología, que en este caso son mediatizadas por una norma ética que pide el perdón de las deudas.

El texto del Padre Nuestro, de hecho, no se refiere a cualquier deuda, sino a las deudas impagables. Eso se deriva del hecho de que en el tiempo en el cual fue pronunciado, no había otros tipos de deuda. La deuda era típicamente impagable o tenía la tendencia de serlo.

Ahora se reza: perdónanos nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Ya no se ofrece el perdón de las deudas, sino solamente de las ofensas. Ahora bien, deudas son algo que, en términos legales, es legítimo. Deudas son un fenómeno legal. Ofensas, en cambio, no. Ofensas son la transgresión de una norma. Si ofrecemos perdonar las ofensas de otros, confirmamos las normas que han sido transgredidas. No deben ser transgredidas, pero otros las transgredieron.

Establecemos precisamente la justicia de las leyes. En cambio, al ofrecer el perdón de la deuda, establecemos la injusticia de una ley válida que obliga al pago de una deuda, aunque sea impagable.Ahora, con la traducción nueva, una determinada economía se ha impuesto a la teología. Una economía que pronuncia las leyes del mercado como Justicia.” 

b) INICIOS DE LA BURGUESÍA

“Teología de Anselmo de Canterbury. Aquí aparece un Dios que corresponde a la nueva traducción del Padre Nuestro, como ha sido introducida en nuestros días. Es un Dios al cual ya no se puede rezar: perdónanos nuestras deudas.”  (...)

“La redención para Anselmo no es un perdón mutuo de las deudas, sino un cobro mutuo de ellas. Sin embargo, al no poder pagar el hombre su deuda; en vez de perdonar la deuda, Dios sacrifica a su hijo con tal que la sangre de éste pueda servir como medio de pago del hombre para cumplir con su obligación de pagar la deuda.

Con Anselmo aparece este tipo de justicia, que ya no tiene nada que ver con la justicia de la Biblia. Es una justicia del pago de lo que se debe, una justicia del cumplimiento de normas, una justicia que mata a su propio hijo para lograr el cobro de deudas y el cumplimiento de normas.

Aparece un Dios horrendo, al cual el pobre ya no puede recurrir. Es un Dios que habla el lenguaje del Fondo Monetario. Este Dios del cumplimiento de contratos es un Dios desolador. Es un Dios usurero, que produce rechazo, pero al cual nadie logra escapar. Por tanto, se somete, intentando cumplir con normas más allá de toda posibilidad. El hombre se siente intrínsecamente malo, nada más que pecador, sin ninguna dignidad, al no poder cumplir con las normas que este Dios impone como deudas, que jamás pueden ser perdonadas.”

(pags. 4/5) 



[1]  Cfr.: Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano; Sección 15, p. 36.

[2]  Tomamos como guía un libro dedicado específicamente al tema analizado; las palabras y frases en bastardilla, están extraídas de este libro: Cabello, Miguel; Espinoza, Eduardo; Gómez, Justino. “Manual de Planificación Pastoral. Una experiencia latinoamericana”; Santiago de Chile, CEPLANE, 1998.

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